martes, 22 de abril de 2014

El misterio de los ingresos del cine español




Las cifras del cine español han sido casi siempre un enigma. Además de la falta de recogida de datos por falta de medios  y del secreto empresarial,  en ello ha tenido mucho que ver los presupuestos hinchados,  las recaudaciones de taquillas recortadas,  los sobornos a funcionarios, la caja B de las empresas y, en fin, cualquier argucia contable que nos podamos imaginar. 

En 1955 Victoriano López García, Miguel A. Martín y Antonio Cuevas publicaron un libro titulado La industria de producción de películas en España  en el que intentaban  averiguar, entre otras cosas, de dónde procedían los ingresos de una película española.  El dato ingresos no se refieren a costes de la película. Una película, por ejemplo, puede costar 50 y los ingresos pueden ser  de 40 (fracaso) o de 100 (éxito). Pues bien, fueron incapaces de determinar las partidas ingresos.

Únicamente pudieron  hablar en el plano teórico, es decir, estimar que, dado el mercado español,  la taquilla solo podía facilitar el 44,7 de los ingresos.  El resto tenía que venir de la subvención del Estado (38,8%), de la venta al extranjero (15%) y de la bonificación por divisas conseguida por esa venta al extranjero (1,5%) . Estos datos son los que figuran en el gráfico que sirve de base para esta entrada del blog. 

Pero, entonces,  podemos preguntarnos, ¿sin subvención no hubiese habido en aquel momento cine español? ¿Y cómo es que lo hubo en los años treinta solo con financiación privada? O mejor aún: ¿Todas las películas que en aquellos años no se exportaban (que eran muchas), todas las películas que tenía clasificación de segunda y tercera (que también eran muchas), además de las películas que fracasaban en taquilla, todas ellas perdían dinero? ¿Cómo había entonces en España productores si el cine español era un negocio ruinoso?  

El alto índice de empresas que solo ruedan uno o dos títulos y luego desaparecen parece indicar que la producción de películas en España es, en efecto, una industria de alto riesgo. En aquel momento, bastaba con que fallasen dos de los tres factores indicados en el gráfico (taquilla, exportación y subvención) para que el negocio se tambalease seriamente.  Hay que tener en cuenta, además, que, como la venta de entradas estaba falseada a la baja, el productor podía recibir del público menos del  45% de los ingresos. Por eso, a veces, el productor entregaba la película a un distribuidor por una cantidad fija cerrada, lo cual podía ser lamentable si resulta que la película luego era un exito, como les pasó a los productores de El último cuplé. La solución era el control de taquilla, que fue siempre una de las principales demandas de los productores. 

En cualquier caso, también es verdad que había empresas (Aspa, Suevia o Chapalo) que se mantenían en el tiempo. ¿Cómo lo conseguían? Pues, al estar hinchados los presupuestos, resulta que la subvención del Estado proporcionaba el 50% de los ingresos o más y, como estas empresas tenían buenos canales de distribución, participaban de los beneficios de falsear la taquilla, de nutrirse de grandes cantidades de dinero negro. No les hacía falta exportación, pero, si la conseguían, el negocio era redondo.   
 Aunque para esto se buscó otra solución: las coproducciones. Que estas sí que eran un misterio, es decir, un verdadero saqueo de las arcas del Estado ejecutado con la complicidad de sus funcionarios. Para los casos más sangrantes se acuñó la expresión "falsas coproducciones". Lo falso, en efecto, es uno de los elementos de lo misterioso.

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